This video features an interview with Abraham Bleier, the founder of Garabatos, a well-known bakery and café chain. Bleier shares his personal journey, detailing his family's immigration to Mexico, the origins of the iconic Garabatos cookie, and the challenges and successes of building his business over 40 years. The conversation touches on family values, overcoming adversity, business strategies, and the importance of maintaining integrity and quality.
Claro, aquí tienes la transcripción con algunas mejoras para facilitar la lectura:
Abraham: Mis padres, de origen rumano, llegaron a México después de que el comunismo les quitara todo. Encontraron en la repostería una manera de volver a empezar. De una receta casera nace una galleta, de esa galleta un nombre, y de ese nombre un kiosco de tabla roca, porque no alcanzaba para más. Y ahí comienza una historia profundamente mexicana, marcada por la escasez, la intuición y muchísimo trabajo.
Mónica: Esa es una de las cosas que la necesidad hace cuando tienes coraje y ganas de salir adelante.
Abraham: Exacto. Entonces, empecé a buscar, a entender qué podía hacer. Y fue así que el primer kiosco que se hizo en México, lo hice yo. Llego con un amigo mío a decirle: "Necesito que me hagas esto". Me pone el presupuesto, lo planteó de madera. Le dije: "Estás loco, no me alcanza". ¿Cómo que no te alcanza? No me alcanza. Se me ocurrió, dije: "Oye, tabla roca". Y así hicimos el primer kiosco. Lo hice de tabla roca porque no me alcanzaba a hacerlo de madera.
Mónica: En este episodio conversamos con Abraham, fundador de Garabatos, sobre miedo al fracaso, valores familiares, aprendizajes a la mala, crecer un negocio sin perder el alma y mantenerse vigente después de 40 años de historia. Soy Mónica Díaz. Acompáñame en otro emocionante vuelo de Take-off. Si bien no hay un mapa para emprender, toma nota de las coordenadas que muestran estos fundadores, pues podrían revelar la ruta que tanto has estado buscando. Despegamos.
Abraham: Abraham, empecemos por el origen. ¿Quién de tu familia inventa la ya icónica galleta Garabatos?
Abraham: Bueno, te platico, me voy un poquito atrás. Mis papás vienen de Europa. Mi papá nace en Transilvania, en Hungría. En aquel entonces era parte del Imperio Austrohúngaro. Mi mamá en Bucarest, en Rumanía. Después de la Segunda Guerra, afortunadamente sobreviven, pasan, llega el comunismo, les quitan todo, absolutamente todo. Mi papá hacía calcetines y le quitaron todo. Se tenía que meter a su fábrica, agarrar los calcetines, a robarse sus calcetines para darle de comer a mis hermanos. Fue mal, muy difícil. Se le revienta una úlcera. En aquel entonces se salvaba uno de cada cien. Él fue el uno que se salvó, gracias a Dios. Le quitan tres cuartas partes del estómago. Y después de una convalecencia, él tenía un hermano que ya había llegado muchos años antes a México y le ayudó a migrar. En ese tránsito, llegaron, estuvo trabajando un año en París. Ya tenía yo dos hermanos chiquititos, pues se fueron con mis hermanos y después de ahí ya les mandaron los papeles y llegaron a nuestro bendito México.
Mónica: ¿Qué año es este?
Abraham: 1948, más o menos.
Mónica: Este, llegan a México, le ayuda a mi tío con un local para poner una tienda de abarrotes. Y en ese entonces, pues no faltaba que don Manuel, "pídeme los jitomates, don Manuel, mañana le pago". Y bueno, ya sabemos la historia final de la tienda. Entonces, fueron momentos difíciles. Él tuvo un tallercito al lado que nunca pudo de alguna manera sobrepasar el hecho de tener alguien que le ayudara. Tenía una sola señorita que lo apoyaba porque nunca quiso tener empleados, pues de lo que vivió en Rumanía.
Abraham: Y después de algún tiempo de pasarla mal, mi mamá platicaba que un día en la mañana le pedí que quería comer un poco de pavo, de jamón, y no tenía para comprar 200 gramos. Y en ese momento, y lo contaba con lágrimas en los ojos, ella tenía una amiga también húngara, Elizabeth, una mujer maravillosa, que le había apoyado y le dijo un día: "Ponte tú también a hacer pasteles". Y entonces un día mi mamá le dijo a mi papá: "Ya es hora que te ayude yo". Y se pusieron a hacer pasteles en una de las estufas chiquitas de estas Mabe, pero eran medios pasteles porque no alcanzaban, no entraban las charolas completas, hacían medios. Y mi papá se empezó a mover, empezó a buscar clientes y entregaba pasteles en camión. Entonces, subía al camión, lo que hoy en día vemos como los camiones de ruta. Bueno, en aquel entonces eran los "Ruta 100", y todo eso. Se subía, se llevaba los pasteles hasta Insurgentes, a donde fuera. A Wolf Rubinski le vendía pasteles, tenía un restaurante y así empezó. Y después, de boca en boca, la gente lo empezó a recomendar. Era un departamentito chiquitito en Ejército Nacional, en un primer piso. Me acuerdo que en la terraza sacaban las charolas a que se enfriaran los pasteles y luego las metían. Y así empezó. Y en una de esas fue que crearon la mágica galleta de Garabatos.
Mónica: Mágica galleta de Garabatos que hasta la fecha es. Gracias a Dios.
Abraham: Así es. Se volvió, se volvió definitivamente.
Mónica: Tu mamá entonces es la que la creó.
Abraham: Sí, mi mamá la creó y mi papá era el que decoraba y le ponía y le puso el "garabato". Y bueno, así fue que empezaron a hacer la galleta.
Mónica: ¿Y cómo pasan de ese proyecto que a lo mejor los mantenía en el día a día? ¿En algún momento ya pensaron tus papás: "Oye, vamos a poner un local"?
Abraham: Mira, en la vida yo estoy cierto que las dificultades, si las sabes tomar, te van a empujar al siguiente paso. Pero tienes que tener la visión y el coraje. Llegaron un día, le dijeron: "Don Manuel, vamos a vender el departamento. ¿Lo quiere comprar?". Se voltea y le dice: "Comprar, y apenas tengo para comer, ¿de qué me está usted hablando?". Se sale y busca y encuentra una casa, me acuerdo, en Campos Elíseos, a media cuadra de la escuela México. Tenía dos garajes abajo y la casa arriba. Y mi papá dice: "Aquí". No tenía dinero. Mi hermano, que era maestro en el Anáhuac, que cumplió, le daba su sueldo completo para poder pagar la renta y todo. Y puso en uno de los garajes la tienda, y en el otro, como la cocina. Y nosotros vivíamos ahí. Todos trabajábamos y así fue como empezó, de alguna manera, ya una tienda a la calle. Obviamente pasó el tiempo, ya te platicaré parte de lo que son las sorpresas de la vida y lo que mi papá y el ahorro hacen. Y este, y después de muchos años de ni siquiera salir a restaurantes, un día le dijo a mi mamá: "Te voy a comprar tu casa". Mi mamá se le dice: "¿De qué me estás hablando?". Nunca supo cómo, dónde guardaba el dinero, nada. Era un hombre que tenía y se puso en la mente que quería y lo cumplió. Y obviamente años después pudo comprar la casa. Fue la época del '76. Y también lo digo porque se encontraron a una señora que fue un ángel, una señora Basurto, que era la dueña de la casa. Y viene la devaluación, y mi papá estaba histérico, nervioso, dice: "Ya no voy a poder". Y la señora le dijo: "No se preocupe, el precio se mantiene". Y gracias a eso. Así que en la vida te vas encontrando ángeles y gente buena. Esta mujer yo por eso no la olvido. Y este, y así fue. Le hace la casa y 4 años después, 2 años después mi papá se enferma de cáncer. Y bueno, fueron dos años muy complicados y fallece en 1980. Él tenía 71 años.
Mónica: Y tú, 17.
Abraham: Yo te dijera, mi papá hoy tendría 116 años. Él nació en el '09. Bueno, ya 117.
Mónica: 117.
Abraham: Entonces yo me quedo con mi mamá, le ayudo. Obviamente toda la vida trabajé. Yo era muy inquieto, muy inquieto, muy ladrilla. Y este, y de alguna manera, bueno, y así fue como empezamos. Empezamos juntos. Tenía un hermano mayor también que todavía vivía con nosotros y una más chica, un año menor.
Mónica: Y entonces estabas estudiando y al mismo tiempo en la casa ayudaban todos.
Abraham: Yo empecé, yo empecé a estudiar, fíjate, yo empecé a estudiar ingeniería electrónica porque me encantaba la música. Dije: "Yo quiero eso". En aquel entonces, ¿qué desarrollo vocacional ni qué ocho cuartos? Te gusta esto. Y me tocó en la UAM de Iztapalapa. Yo hacía 45 minutos en la mañana y una hora de regreso. Pero lo que pasa es que además yo acababa de entregar pasteles. Además el chófer, el que cortaba, el que decoraba. Yo llegaba a las 11 de la noche a entregar pasteles y esa hora me ponía a estudiar y a las 7 tenía yo clases en la UAM Iztapalapa. Y un día casi tengo un accidente en el viaducto y dije: "No, ya entendí que no le voy a poner transistores a las galletas". Y así fue que me salgo. Y afortunadamente encontré mi camino y un año después me meto a estudiar administración cerca de mi casa para poder ayudar a mi mamá. Pues tenía yo horas extras, me regresaba a este ayudarle y poco tiempo después decido que me caso. Y ahí es donde empieza la historia de la marca. Porque Garabatos era una galleta. Es una galleta. Pero creo que lo que hice bien dentro de todo fue convertir una galleta en una marca. Y hoy precisamente Garabatos es una marca. Y ese fue la transición. Y a partir de ahí, que empecé con el primer negocio, ya te platico ahora que fue...
Mónica: Y así es como así es como hicimos la transición entre lo que era una galleta y lo que hoy se convierte en una marca.
Abraham: Durante todo ese tiempo tu familia vivía de la repostería, ¿correcto?
Abraham: Sí, siempre. O sea, desde que empezaron, desde que tus papás con las galletas a vender los pasteles, tú estudiando hasta...
Mónica: ¿Qué pasa en 1984? Estamos hablando hace 40 años.
Abraham: Sí, así es. Que dices: "Voy a poner un kiosco para vender la galleta".
Mónica: Así es. Yo me caso en el '85 y obviamente no tenía yo en qué caerme muerto. Y esa es una de las cosas que la necesidad hace cuando tienes coraje y ganas de salir. Entonces, empecé a buscar, a entender qué podía yo hacer. Y fue que el primer kiosco que se hizo en México, lo hice yo. Lo puse en Plaza Bosques. Y cuando llego con un amigo mío a decirle: "Necesito que me hagas esto", me pone el presupuesto, lo planteó de madera. Le dije: "Estás loco, no me alcanza". ¿Cómo que no te alcanza? No me alcanza, no puedo. No tengo para hacerlo. Se me ocurrió, dije: "Oye, tabla roca". Dije: "¿De qué hablas?". A ver, veamos si los cantos, si el peso, si el no sé qué, si las esquinas, si las reforzamos. Y así hicimos el primer kiosco. Así hice el primer kiosco y lo hice de tabla roca porque no me alcanzaba a hacerlo de madera. La gente así me ve y dice: "¿De qué me estás hablando?". Pues así empecé y ese fue el principio.
Mónica: ¿Y qué vendías?
Abraham: Galleta. Tenía básicamente parte de lo que había aprendido en casa de mi mamá, que eran los pasteles europeos, que así nos hicimos nosotros. La repostería de nosotros era pastelería europea, viene húngara. Y así empezamos. Y empezamos con pues el pastel de chocolate de mamá, es icónico hasta la fecha. El pastel de chocolate de Delvis. La gente bueno, creció con ese pastel. Los Garabatos hacíamos unas galletas que se llaman "Nixtamal", que en aquel entonces se vendían. "Lindt", "Mont Blanc", hacíamos muchas cosas que de alguna manera y con eso empecé. Ya después mi locura me fue llevando a crear pues varias cosas que ya te platico de lo que hoy en día puedes encontrar en Garabatos, ¿no?
Mónica: No, antes de meternos en esas locuras, quiero saber, abres, pones ese primer kiosco de tabla roca. ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Cómo se ven las ventas de ese primer mes para que tú dijeras: "Sí, sí hay algo aquí"?
Abraham: Te voy a decir, la conciencia de un empresario se va forjando. Tú no naces sabiendo y teniendo control y presupuesto y costos y eso no existe. Y menos un muchacho de 22 años que definitivamente no. Entonces, lo que sí te puedo decir es que me veo en la universidad sentado diseñando la empresa cuando estaba yo haciendo la carrera. Eso sí, eso sí te puedo decir hoy que eso sí hice. O sea, yo diseñé que iba a tener departamento de mercadotecnia y iba a ser, o sea, era algo que estaba yo. Y me acuerdo, escribiéndolo y diseñando la parte de atrás cuando estaban dando la clase. Yo estaba haciendo el diseño en la empresa. Obviamente, no tenía idea lo que iba a llegar, pero sí definitivamente...
Mónica: Empezaste...
Abraham: Empecé. Renté una casa, eh, que obviamente no me alcanzaba, o sea, no sabía que me alcanzaba. Pero bueno, gracias a Dios, empezamos. La gente empezó a comprar, empezó a funcionar. Fueron épocas complicadas porque además yo hacía los pasteles en la casa donde me cambié, yo, en el sótano es donde puse la cocina. Empecé con dos mesas de madera. Mi mamá, me acuerdo, me ayudó para comprar una combi usada. Mis suegros para comprar una batidora usada y un horno usado, un refrigerador. Ese sí estaba nuevo. Y así empecé. Párale de contar. Entonces, fue empuje, empuje, empuje, empuje y muchas horas y mucho trabajo y mucha ilusión.
Mónica: ¿Y cómo se daba a conocer ese kiosco? Pues era boca a boca en ese momento. Era...
Abraham: Sí, porque ya era comercial, o sea, ya existía. Era un kiosco, la gente pasaba, circulaba en medio de la plaza y veía Garabatos, se paraban. "Ay, a ver, pues". Y empezó a probar, empezaron a probar y así fue como empezó a hacer. Y había gente que sabía de dónde venía yo, porque finalmente pues yo era el hijo de la señora de Delvis.
Mónica: Sí.
Abraham: Entonces, de alguna manera, este, yo no puedo dejar de...
Mónica: Sí.
Abraham: ...agradecer esa herencia, ¿no? Entonces, pero sí empezamos ahí. Y fue que empecé. Por ejemplo, yo me tardé años en probar un Garabato porque no me gusta el chocolate oscuro. Entonces, yo no comía. La gente: "A ver, prueba". Y cómo lo haces. Pruebo el chocolate, sé cómo está la galleta, yo veo la textura, pero no.
Mónica: Nunca jamás.
Abraham: Porque hice el "Foix", que es el Garabato bañado en chocolate claro. Yo soy fanático del chocolate claro. Entonces inventé el Garabato Foix para yo poderlo probar. Y años después fue porque ya pude y agarré un Garabato y le metí una mordida, pero no era, no era mi máximo de ninguna manera. Yo tengo mis consentidos que no son el chocolate oscuro, por ejemplo. Pero eso, años tardé en realmente comerme un Garabato original.
Mónica: Qué bueno. Oye, Abi, ahorita que hablabas de la herencia familiar, ¿qué viste en tu casa de tus papás que crees que es el valor como más importante que hoy mantienes?
Abraham: Yo te voy a decir que la honestidad. Y me me llega mucho porque mis padres fueron gente muy honesta. Yo siempre digo que lo que ves en mis ojos es lo mismo que vas a ver atrás. Y eso es lo que yo, de alguna manera, le transmito a mis hijos. Mi papá, la entrega. Mi mamá, un corazón enorme. Y no hace mucho, eh, hicieron un documental sobre hijos de sobrevivientes del holocausto de aquella época. Y un común denominador que a mí me llamó la atención, que entre los paisanos, por ejemplo, siempre te dicen: "Acábate lo que te serviste". Son este tipo de detalles que la gente no los entiende, pero que vives, creces con eso. O sea, no desperdiciar. Yo hasta la fecha les he dicho y lo digo honestamente a mi gente, nosotros manejamos la empresa como si estuviéramos en crisis siempre. Y no porque tengas muchas servilletas puedes tirarlas, o porque tengas eso no se vale. Yo llegaba a Estados Unidos y veía las cafeterías con las llaves del agua abierta y no podía. Le decía yo: "Cierra". Y se me quedaban viendo como: "¿Y tú qué?". Oye, no importa, es un principio. Y eso es algo con lo que yo, de alguna manera, siempre este, siempre crecí con esta parte de coherencia, ¿no? De no porque tengas puedes tirar o nada. Y obviamente, como crecimos con limitación, porque sí, siempre fue así, aprendimos a respetar a las personas y el dinero. Y yo digo que en la vida si le pierdes el respeto al dinero o al negocio, no te sorprendas cuando el negocio te pierde el respeto a ti. Y ese es uno de los principios con los cuales he vivido toda mi vida. A veces hay cosas que quisieras hacer y voy a hablar de un ejemplo, meter a alguien que de alguna manera para ayudarlo y meterlo a la nómina y que venga y pagarle. A ver, no, espérame. Si yo quiero ayudarlo, yo lo hago a título personal, pero en el negocio tenemos que ser ordenados y respetuosos. Finalmente, de ahí comemos muchas familias. Son parte de estos principios que de chiquitos, o sea, o de detalles como los que yo aprendí en mi casa, los trasladé ya a lo que hoy significa una empresa.
Mónica: ¿Cómo inculcas estos valores en 650 empleados que ya tienes hoy? Qué difícil, ¿no? Ya cuando creces.
Abraham: Te voy a decir algo. Uno, te voy a contar una historia impresionante. Cuando yo hice la última planta, este, les hice unos baños, no te digo que elegantes, pero dignos, en serio, dignos. Mira que no tenía. Construí con centavos, así le rascaba yo para acabar. Y cuando terminamos los baños con casilleros, con los lavabos, ya sabes, una era mármol, ¿no? Era un mármol de luz, pero de veras digno. Y meses después entro y veo tiradas toallas en el piso y ropa sucia y todo. Dije: "Okay". Y un psicólogo nos enseñó algún cuando eran mis hijos chicos, una técnica para dejarnos de pelear con los hijos. Levanta, no tires, no. Okay. Llegué, entré, agarré todo lo que estaba en el suelo, lo puse en un cesto y lo tiré a la basura. Pero a la basura donde tenía yo las cáscaras de huevo, ya sabes, en la basura. En la tarde llega todo el mundo y dice: "¿Dónde están las cosas?". Y empezaron nerviosos: "¿Qué pasó con las cosas?". Y llega alguien: "Señor, ¿desaparecieron?". Digo: "No, no desaparecieron. Yo creí que no les importaba porque estaban todas tiradas en el suelo". Te platico, ¿cuándo volvieron a dejar... nada, tirado? Son ese tipo de cosas. Yo te diría que hay el primero, el primer ejemplo, el primer concepto con el cual se llama ejemplo. Yo no puedo decirle a alguien que no le falte al respeto a otra persona y venir y faltársela al respeto. Eso no puede pasar. Yo tengo que ser coherente. Y ese respeto, así sea la señora de la limpieza, es el mismo respeto que le doy a un director. Y eso yo creo que es algo que que acaba permeando, ¿me explico? O sea, eso es parte de. Y la otra es que ese ejemplo además sea coherente con lo que dices. ¿Me explico? O sea, yo no puedo decirles: "No tiren" y que me vean a mí llegar, pasar y no sé qué. O sea, eso no pasa. Soy muy respetuoso y eso es parte de una cultura que hemos tratado de inculcarle a la gente.
Mónica: Pero además se ve que estás muy presente, ¿no? En todas las partes de la operación.
Abraham: Sí. Y además, digo, hoy menos porque veo muchas cosas, pero pero sí trato. Y sobre todo esta parte empática, el ser empático con la gente. Eso ha sido algo. Yo tengo gente trabajando conmigo hace más de 35 años.
Mónica: Wow.
Abraham: Me dices: "Oye, eso ya no pasa". No, pero algo tuvimos que haber hecho bien. Y lo digo porque además fue una cultura que incluso esa la desarrollamos junto con mi esposa, que es una mujer que afortunadamente ha sido gran ejemplo para todos nosotros, incluido, incluido yo, donde es una mujer muy humana, muy humana, ¿no? Yo no, pero pero esa esa parte fue preponderante. Y a partir de ahí, los dos, cada uno en su trinchera mandábamos los mensajes y así es como se fue creando una cultura dentro de la organización porque ella...
Mónica: Ella fue directora de operaciones mucho tiempo y te ayudó porque tú ya no podías.
Abraham: Claro. O administraba o contaba o hacía o revisaba o creaba y fabricaba o estaba en el restaurante atendiendo, haciendo, manejando a la gente, ayudando. Fue, fue un reto padrísimo.
Mónica: Y hablando de ese crecimiento, pues estamos hablando en 1985, donde abres el primer kiosco y en el '88 abres la primera cafetería.
Abraham: Así es.
Mónica: ¿Cómo fue ese salto? Porque es una cosa muy distinta operar una cafetería por kiosco de...
Abraham: Déjame decirte que no tenía idea. Idea. Y desde la historia que quiero contar, yo no tenía experiencia en negocios. Había un tío de nosotros, un hombre amado, amado por todos nosotros, queridísimo, don Raúl Chazarreta. Era como que el que tenía experiencia. Y un día le dije: "Tío, ¿me acompañas? Me están ofreciendo algo". Me dice: "Órale, se subo". Me subo al coche y me llega. Llegamos ahí en Santa Fe, en Bosques. Me paro a pie de calle, me bajo, era una barranca. Le digo: "Aquí se voltea". Y me dice él, era yucateco, paz descanse: "¿Estás loco? Se están vendiendo aire". Lo volteo a ver y entiendo lo que está diciendo. Volteo y veo y digo: "Sí, pero dentro de mí hay algo que me dice: esto es". Y esa es una de las partes, quiero transmitir que la intuición y el feeling es algo que tienes. Los emprendedores es algo que tienen que seguir. La teoría mi papá decía que es muy buena, pero la práctica te mata. Me subí al coche, regreso con él. No articulé palabra en todo el camino. Estaba yo desesperado. Dije: "No puede ser. Una parte de mí dice: aquí lo tienes que hacer". Y el que sabe y te está aconsejando dice: "No, ¿qué haces?". Finalmente le hice caso a mi intuición con mucho esfuerzo, arquitectos que me robaron, historias, lo que tú quieras. Logré abrir la primera cafetería. Y de alguna manera, yo no sabía, o sea, qué yo hacía. Me encantaban las salsas y había una muchacha en mi casa que hacíamos juntos, o sea, hacía una salsa espectacular, me encantaba. ¿Y qué hice? Pues agarrar el sazón de mi casa y transmitirlo al sazón de Garabatos. Y así fue como hicimos la salsa de chipotle y la salsa verde. Y así empecé. Pero no tenía yo idea. En la época que mi papá estaba en el hospital, al único chef que yo conocía era el chef del hospital ABC. Entonces, un día me acerqué con él, le dije: "¿Me puede ayudar?". Dice: "Sí". Entonces vino, me acuerdo que agarró tarjetas en las que se usaban en aquel entonces, como esas de tarjetas para donde se escribían los teléfonos y eso, y me dice: "Croissant, jamón con queso". Me dijo: "Un croissant, 80 gramos de esto, 40 gramos de esto otro, lechuga, jitomate, tal". Me enseñó a costear. Así empezamos. Así es que creamos el menú de Garabatos, este, que se llamaba Garabatos Café en aquel entonces.
Mónica: Ajá.
Abraham: Ahí te puedo platicar que hay una historia muy difícil. Yo creo que ha sido una de las más difíciles. Yo abría a las 7 de la mañana, cerrábamos a las 10 al público, o sea, a las 8 abríamos, pero a las 7 llegaba yo para montar, limpiar y todo. Algo que te puedo decir que es algo que lo traigo. Mi mamá era la mujer más limpia que te puede... O sea, esto es algo que ella pasaba con el dedo por arriba de los estantes y si había polvo, olvídalo. Era una cosa increíble. Entonces, yo me hice eso. Es lo que nosotros llegábamos. Eso, a las 10 cerrábamos al público y terminábamos de recoger, de limpiar, de lavar para montar y dejar todo a las 11. A esa hora me iba yo a la casa. Llegaba yo apenas ahí al sótano que te decía, a acabar las galletas, a revisar todo y al día siguiente así, 7 días a la semana. Qué diferencia que en aquel entonces yo no tenía un gerente, un cajero, un nada.
Mónica: Tú eras todo.
Abraham: Tú cobrabas, tú hacías el café, tú servías. Tenía dos niñas que me ayudaban, pero y de repente había que vender pastel. O sea, era esto. Y cuando hablas de errores o de aprendizajes, te puedo decir que ese fue uno de los más difíciles con los que yo me he enfrentado en mi vida. Un día estoy a las 7:15... los la Anáhuac está muy cerca. Entonces venían los chavos a desayunar. A veces llegaban, llegaban antes de las 8 y llegaban haciendo escándalo y yo me quedé dormido en la mesa, 7:15, 7:20. Y de repente el ruido me despertó así, intempestivamente, y me empezó a dar un sentimiento terrible. Creí que me moría. Así, eh. Tenía yo un vecino que era un amigo doctor, le hablé, le dije: "Pepe, siento que me estoy muriendo". Me dice: "Tómate una Coca, súbete al coche y vete a tu casa". Aventé el negocio y me fui. Nadie sabía qué era en aquel entonces. Años después, esto me volvió a dar. Son los famosos ataques de pánico. Aquele pánico, exceso de estrés, el estrés del siglo XXI. Pero en aquel entonces ni siquiera sabían que existía. Yo la pasé muy mal y años después, ¿por qué? Porque perdí lo que creo que hoy en día es una de las palabras que más trato de inculcarles a mis hijos. Y si me preguntas, ¿qué quisieras tatuarles en la frente a cada uno? Una sola palabra. Esa también guardas marciales. Entonces, esta parte...
Mónica: Es...
Abraham: Es como traer esta palabra de la forma, de la manera a las personas, y se llama equilibrio. Y yo perdí el equilibrio. Era mi necesidad, era tal mi necesidad y mis ganas de sacar a mi familia adelante y de empujar. Y nunca me di cuenta que me excedí, pero por mucho. Y me la cobró. Y me la cobró muy caro también. Eso después lo tomé como aprendizaje para ayudar a otras personas. Y entonces pude salir. Y después, pues cuando hay gente que está cerca o que se acerca a mí y todo, pues les puedo explicar y ayudar y todo. Pero fue una etapa muy difícil. Yo creo que es de las cosas más difíciles de emprender.
Mónica: Ahorita que te escucho y me identifico también, porque he estado ahí y he tenido estos ataques de pánico. Y esa palabra no la había detectado, lo importante que es el equilibrio, ¿no? Como que te vuelcas, sientes tanta responsabilidad sobre la inversión, sobre el dinero, sobre la gente que trabaja contigo. Eh, cuando tienes inversionistas, estás tratando de contener hacia arriba y estás tratando de contener hacia la gente que trabaja contigo y te olvidas un poco de ti.
Abraham: Sí. Y eso, eso es difícil de entender para los emprendedores, sobre todo jóvenes, sobre todo cuando empiezan. Y cuando vienen también de un contexto como el tuyo, donde estás diciendo ahorita: "Veníamos de la escasez y yo no quería que mi familia eh", ese era el como que lo que había detrás, ¿no? Que pasara por lo mismo.
Mónica: Claro, claro, claro. Es más, ¿tú sabes a qué edad me subí a un avión por primera vez?
Abraham: A los 17 años.
Mónica: Yo conocí Acapulco a los 17 años. Mis vacaciones eran Acapulco de la Sal en el coche de mi cuñado. Y eran unas mareadas que hasta la frente no te... no te puedo imaginar. Pero esas eran mis vacaciones. Y no llegábamos al hotel más, no llegamos a un hotelito chiquito, porque era una señora, un garage que cocinaba muy bien ahí. Le gustaba mi papá y ahí nos llevaba cuando podíamos ir. Yo conocí Estados Unidos a los 18 años, que un amigo mío me invitó y este y así fue.
Mónica: Así me hice, así crecí y lo digo además con mucho orgullo y con mucho con mucho respeto.
Abraham: Y finalmente, hay algo muy importante. Alguna vez hice un curso de estos de desarrollo y no sé qué. Y veíamos y nos pusieron enfrente una silla. Imagínese que la silla es alguno de sus padres o alguien a quien tienes que reclamarle. Y yo veía a la gente gritar y decirles. Y me volteaba yo y decía: "Yo no tengo absolutamente nada más que agradecimiento". Mi papá hizo todo lo que estuvo en sus manos y lo que pudo para sacarnos adelante. ¿Cómo voy a reclamar nada? Al contrario, fue un hombre entregado y mi mamá también. Yo lo veía él levantarse. Yo salía del cuarto, por ejemplo, mi papá, me acuerdo. Había una es... una imagen muy cruda. Él tenía un delantal. Eran las 7 de la mañana y afuera de mi cuarto estaba el barandal para bajar a los locales de abajo. Y lo veía en el barandal haciendo fondos. Y papá era un hombre flaquísimo. Y un día abrí la puerta y lo veo así, digo: "¿Qué significa esto?". O sea, no. Años después entendí, eres son esas cosas que te van marcando y obviamente, pues forman parte de quién eres después.
Mónica: Sí, por supuesto, ¿no? Entonces, este, hablando ahorita del pasado, digamos, en retrospectiva, errores cometidos. A los 20 años, ¿cómo definías el éxito y cómo lo defines ahora?
Abraham: Es una pregunta difícil porque para cada quien el éxito significa otra cosa. Yo te voy a decir, para mí era importante generar un patrimonio y tener una tranquilidad para mi familia, pero yo nunca he ido solo en este trayecto. Y creo que hoy, independientemente de que obviamente una empresa se merece, o sea, no se merece, sino se merece en el sentido de que su finalidad debe ser generar patrimonio. Para mi éxito, además es a cuántos, cuántos corazones y cuántos seres puedes tocar en tu camino. Y eso ha sido parte de lo que hemos hecho. Ayer llevé a unas personas a planta y bajé. Ya no bajo tanto porque está mi hija ahí y la verdad le confío. Pero el que alguien te vea venir y te dé un abrazo y te abrace con un cariño, porque hay niñas que trabajaban todavía con mi mamá...
Mónica: Eso...
Abraham: ...eso a mí me llena de orgullo y de alegría. Entonces, las personas aquí no son un número, son seres humanos y así los tratamos. Y ese es el compromiso y ese es lo que transmitimos hacia nuestros hijos y es lo que ven y es lo que somos. Y es lo que se siente también hasta la fecha, cuando te sientas en un Garabatos a desayunar o a comer, ¿no? Sientes ese ambiente familiar, sientes un poco ese abrazo que ha logrado permear hasta en la cultura dentro de los de las cafeterías, ¿no? Tuvimos hace años, bueno, tuve el honor de ser invitado a poner un restaurante en un hospital. Y parte de lo que hice en un principio fue la primera vez que llegué con la gente y le dije: "Les voy a explicar qué hacen ustedes". Como que se volteaban y me decían: "Pues nosotros servimos comida". Digo: "No, ustedes aquí sirven apapachos". La persona que llega y se siente aquí no es una persona común, es una persona que tiene una situación complicada, fuera de los que vienen, gracias a Dios, a tener hijos, lo que quieras, pero en general la gente viene con un estrés, con una situación complicada. Si quieren que les ponga la quesadilla a 90 gramos, les vamos a poner la quesadilla a 90 gramos. Ellos van a tener lo que necesitan. Y es esa contención, es ese apapacho, es momento de "estoy en un oasis dentro de toda mi boraje" y logramos, logramos transmitir eso. Y hoy te puedo decir que me habla gente que me dice: "Abi, me hiciste la diferencia". O sea, llegar y poderme sentar en Garabatos me hizo toda la diferencia porque créeme que la estoy pasando...
Mónica: Wow.
Abraham: ...y esta frase de "las penas con pan son menos" traducida a la realidad.
Mónica: Aquí toma sentido la primera cafetería.
Abraham: Eh, ya hablando de ahorita que hablábamos de éxito, digo, para empezar, me imagino que empezaste a ver flujo, empezaste a ver que jalaba, la gente venía, la gente regresaba. ¿Qué otras cafeterías estaban pasando en esa época o había? ¿Y qué hiciste tú diferente como para...?
Abraham: Te voy a decir, yo tuve, yo tuve un un amigo que además era mi cliente en aquel entonces, existía Café 58, estaba Finés y estaba Cappuchinos, que eran las cafeterías famosas de aquel entonces. Eh, uno de ellos fue, la verdad es que fue uno de mis maestros en muchas cosas. Él fue el que incluso me empujó a hacer el IPADE. Yo me senté antes de abrir y fui con él. Le dije: "Oye, este, ¿me puedes enseñar cómo se maneja esto?". Y me acuerdo como hoy, ahorita me recordaste, me llevé una grabadora de cassette, porque es lo que había, cassette, cassette, cassette. Quizás los que nos oyen hoy van a decir: "Este viejito, ¿de qué está hablando?". Estoy hablando una grabadora de cassette. Me senté con él, con Julián, apreté el botón de re, le dije: "¿Me puedes explicar cómo se paga una propina? ¿Cómo se hace un capuchino?". Y él, la verdad, de corazón...
Mónica: Así que...
Abraham: ...lo agradezco. Y fue uno de mis maestros en eso. No tenía yo idea. Yo vi toda mi vida hacer galletas, pasteles, pero no era cómo se manejaba una propina, cómo nada. Y esa fue parte del aprendizaje. En aquel entonces era eso. ¿Qué teníamos nosotros como diferenciador? La calidad y el, y lo que nosotros